lunes, 16 de agosto de 2010

campo base

En mi pequeña ciudad hay una muralla que rodea el casco antiguo y agrupa los edificios en una colmena irregular en la que es difícil trazar una línea recta. Las calles son sinuosas y estrechas, las casas de piedra de sillería, los comercios pequeños, de los que te saludan por tu nombre al entrar. Cerca de mi casa, al final de la calle Mayor y encima de la muralla, vive un pianista. Es un tipo solitario, con el cabello salpicado de canas y una atractiva pose melancólica. Camina por el barrio con la cabeza encogida como si estuviese atento para no pisar las rayas entre los baldosines o como si tuviese algo muy importante sobre lo que deliberar. A veces le veo en el bar de la plaza, sentado en un alto taburete como una araña estirada, leyendo el periódico desganado y comiendo un pincho de tortilla. La silueta solitaria del pianista del cabello cano y  la pose melancólica, es el recuerdo con la que identifico la belleza amarga. Quizá por eso hoy me he levantando pensando en este hombre que ni siquiera conozco con el que me cruzo de ciento en viento por los recovecos del casco antiguo de mi ciudad. Aquí, en este campo base del Karakorum, impera una extraña belleza melancólica. Nubes bajas cubren los picos que rodean el inmenso valle glaciar, la lluvia cae intermitentemente y golpea sonoramente sobre el dobletecho de las tiendas. El repiqueteo del agua sobre las lonas produce una cierta amargura. Las puntas afiladas de los picos sobresaliendo entre las nubes, el río glaciar bajando estruendoso por la ladera, los continuos desprendimientos de roca y hielo, los graznidos de las chovas, el balido de una cabra despistada del rebaño en la ladera son señales que tiñen el paisaje de melancolía.
Cuando anochece las nubes se disipan, es una rutina, es lo que llamamos “el claro de los gilipollas”. El cielo azul sobre el Masherbrum nos  hace ponernos de nuevo en marcha. Comenzamos a empaquetar las mochilas para el día siguiente hasta que el repiqueteo del agua sobre el techo de las tiendas borra toda esperanza. No estamos tristes, tampoco contentos; el paisaje cubierto por el manto húmedo del monzón tiene una belleza dolorosa, nos conmueve y agrada en partes iguales. La visión del glaciar perdiéndose valle abajo entre las nubes no tiene nada que ver con los callejones sucios de una pequeña ciudad de provincias, pero entre los bloques de la morrena, entre las estelas del vuelo de las chovas, creo ver  la silueta amarga del pianista: atractivo, gris y desconocido.

Llevo un mes entre mujeres en estas montañas del Karakorum. Antes de ayer un leopardo de las nieves se comió una oveja no muy lejos del campo base, luego se comió un cordero a escasos metros de nuestras tiendas. Una de las chicas dijo haber escuchado ruidos a la noche, yo le respondí incrédulo con ironía. A la mañana siguiente encontramos el cuerpo de la oveja, casi intacto, con los cuartos traseros desgarrados, el alimento favorito de los leopardos de las nieves. Junto a estas cinco mujeres he ascendido tres cumbres vírgenes por encima de los cuatro mil metros en apenas tres semanas. Una ruta de 850 metros de escalada en roca, un 5600 de nieve y laderas desconocidas y para finalizar, nuestro objetivo principal, una aguja de hielo y roca de casi 6000 metros que nos llevó 19 horas de actividad. Antes de salir de casa tuvimos una reunión en un agradable restaurante. Discutimos pormenores del viaje, distribuimos las tareas y nos extendimos en la sobremesa divagando, entre licores, sobre la esencia del alpinismo. “Alpinismo es meterse una almendra en la boca, una almendra bañada en chocolate que no puedes chupar ni morder. Sólo la puedes dejar detrás de las muelas y apretar la mandíbula durantes horas y horas hasta que regresas de nuevo a la tienda. Luego durante un efímero segundo, la aprietas entre los dientes y disfrutas de su sabor. Largas horas de tensión para un segundo de placer.”

La noche antes de salir hacia nuestro último objetivo, repasaba en la tienda nuestras posibilidades de cumbre, la solidez del equipo, la fortaleza y valentía de las cinco mujeres con las que iba a ascender al Campo 1 a la mañana siguiente. Estaba metido dentro del saco, con la nuca apoyada entre las manos y una ligera sonrisa en la boca que saboreaba el orgullo del trabajo bien hecho. Estaba embriagado de admiración hacia las deportistas que ahora luchaban por meterse en los sacos dentro del espacio mínimo de las tiendas,  cuando unos gritos histéricos perturbaron mi plácida felicidad. -¡Aaaaaahhhh! ¡Una araaaaaña! Mas gritos y golpes de zapatilla amortiguados por las plumas de los sacos. Luego calma y la reflexión flotando en el aire de que las alpinistas, afortunadamente, por más que estén cargadas de valentía, no dejan de ser mujeres.

La noche antes del comienzo del Ramadán no hay luna. Los cocineros y Hassan, nuestro porteador de altura, están nerviosos ante el ayuno de los próximos 28 días. Llega un periodo de abstinencia y recogimiento espiritual. Las chicas toman té en la tienda comedor llenando la soledad de estas montañas  con gritos y risas. Apo Alí, el pastor de la zona que cuida el rebaño de 400 cabras y ovejas del pueblo de Hushé, ha venido traer yogur y asegura que le encanta ver a las mujeres tan contentas. Esta es otra de las diferencias entre una expedición masculina y una femenina. Las mujeres cantan, rien y gritan hasta agotar la paciencia de los animales de la zona. Son puro golgorio, alegría y decibelios. En un momento determinado las chicas se levantan de las sillas de loneta, salen a la morrena encima de las tiendas y comienza a quitarse la ropa. Nadie en la cocina lo ha percibido todavía. Patty, la fotógrafa, no para de disparar. La chicas insinuan su belleza tapadas por cuerdas, mosquetones, cascos... cruzan las piernas, se sueltan las trenzas para taparse los pechos y posan desnudas para la cámara con la última luz del día incendiando las laderas del Masherbrum. Está anocheciendo y comienza el Ramadán. En la tienda comedor ya se han percatado del espectáculo y porteadores y cocineros se asoman tímidos, achinando los ojos para poder distingir las formas femeninas en la distancia, veladas por la penumbra. Nunca habían tenido una entrada de Ramadán con cuatro mujeres desnudas recortándose contra el horizonte del Masherbrum. No hay luna que ilumine el cielo, comienzan 28 días de recogimiento espiritual.

A las doce de la noche el cielo está estrellado y un fino hilo de luna marca el primer día de Ramadán. Desayunamos papillas de bebé y té caliente, no hay señal de nerviosismo en el ambiente y eso me gusta, a todos nos gusta. Salgo primero, aprieto las tuercas echando un grito al aire, marco el rítmo y veo como el grupúsculo de frontales que se arremolina junto a las tiendas se va extendiendo hasta formar una línea que se estira sobre el glaciar. Escalamos sobre nieve, luego roca descompuesta en la que la hilera de luces se mueve a derecha e izquierda buscando el mejor camino entre los bloques en equilibrio. La arista de nieve parece más larga en la oscuridad y ascendemos de medio lado, clavando todas las puntas de los crampones sobre la nieve helada, conteniendo el rítmo de la respiración con el pecho oprimido por la altura. Cuando amanece estamos metidos entre las nubes. Alguien pregunta por el tiempo pero azuzo a la cordada y dejo que la cuesta disipe las dudas. Salimos y entramos entre la niebla, la ladera es mantenida y la segunda cordada con Maialen a la cabeza nos sigue de cerca.

Los últimos largos son más empinados. Utilizamos rígolas de hielo por las que progresar pero hay que cruzar de una a otra para poder avanzar. De vez en cuando desaparece el hielo y hay que excavar en la nieve hasta encontrar un lugar donde proteger una posible caída con un tornillo de hielo. Patty graba con la cámara de video entre las nubes, Ester filma desde el Campo 1 pero me certifica por la radio que no puede vernos. Comienza a nevar y repito por la emisora que volveré a contactar desde la cumbre. No hay ninguna duda de que lo vamos a conseguir. Hace un tiempo de mierda pero nadie duda.

Cuando termino la pala de hielo clavando los piolets con fuerza sobre la parte más oscura de la rígola, monto a horcajadas sobre la afilada arista y lo que era el final del esfuerzo se torna en una desconcertante sensación de incertidumbre. Me rodean las nubes y sólo puedo ver algo de profundidad en el paisaje hacia abajo, en el vacío que forma el muro desplomado y descompuesto de la vertiente sur. Tengo dudas sobre cómo descenderemos de esta arista de nieve azucarosa pero dejo los malos pensamientos para más adelante y aseguro a mis compañeras en su camino a la cumbre. Nieva copiosamente cuando alcanzamos la pequeña estancia, no mayor que una mesa de té, en la que nos abrazamos con desgana, desplegamos la bandera del CSD y filmamos unos planos para el documental. El altímetro marca 5.860 metros. Estamos cansados y un poco asustados por encontrarnos en medio de una tormenta en una aguja tan afilada del Karakorum. Maialen lidera con energía la segunda cordada y rápidamente nos alcanzan. Estamos en el lado malo de la arista, no tengo muy claro cómo vamos a bajar. Maider me abraza y me pregunta si llegaremos al suelo. Yo le respondo con una sonrisa amarga intentando parecer seguro de mí mismo. Me dice casi susurrando que confia en mí. Hace 12 horas que apretamos esta almendra en la boca, nadie sabe cúanto tiempo más tendremos que aguantar. -Campo 1 ¿me recibes? Son las 11.25 de la mañana y estamos en la cumbre. Enseguida bajamos. 

Simón Elías

www.desnivel.com

6 comentarios:

Chelo dijo...

Enhorabuena mujeres de altura, chillais con una araña? y luego subis en plena tormenta. Que coj..es!!!! Un abrazo. Chelo Morillas.

tu devora ley dijo...

OLE POR TODOS TITANES QUE ENVIDIA……….

la di dijo...

felicidades

no hay más que decir
;)

Oihana dijo...

Zorionak! Lo habéis conseguido! No hay palabras para describiros! Enhorabuena!
Maider: Me imagino que has disfrutado mucho no? A la vuelta estamos.
Muxu handi bat!!!!
Muuuuaaaaakkkksss

inigo dijo...

Zorionak, txapeldunas¡¡¡

Ane dijo...

ZOOOOOORIIIOOONNNNAAAAKKKKKKKKK NESKAKKKKKKKKKKKK!!!!!!!!!!!!!!!!!
KAAAAAAÑÑÑÑÑÑAAAAAAAAAA LO QUE HABEÍS HECHOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!
AHORA A SEGUIR DISFRUTANDO Y A CELEBRAR CON L@S QUE OS QUEREMOS!!!!!!!!
MUXU HANDI BANA ETA ONGI ETORRI!!!!!!!!!!!!
Ane.